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lunes, 20 de junio de 2016

Hipnosis: cuándo es real y cuándo es un timo


Hacer que alguien pierda el control de sí mismo por el poder de las palabras de un hipnotizador y que despierte al escuchar “un, dos, tres”, para después olvidarlo todo, es una imagen producto de la ficción. La hipnosis como algo sobrenatural no existe y este espectáculo está muy lejos del método aplicado por la psicología y la medicina. Esto defiende la Asociación para el Avance de la Hipnosis Experimental y Aplicada (AAHEA), agrupación que alerta de los perjuicios que tiene la farsa exhibida en televisión, teatros o pubs. La última alarma la ha disparado el programa 1,2,3, Hipnotízame de Antena 3, que ha llevado a los profesionales de esta disciplina a remitir una carta de protesta a la cadena. Antonio Capafons, presidente del colectivo y catedrático del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia, aporta las claves para entender qué es (y qué no) esta técnica y para qué se utiliza.

Desde que surgiera en el siglo XIX, se ha mostrado continuamente en los escenarios de circos, ferias y freak shows, atrayendo a las masas con su cara más espectacular: una persona en trance experimenta reacciones como si realmente le acontecieran y después no recuerda nada, u olvida que alguien le dio instrucciones para que actuara de una u otra manera.

“Olvidar que alguien nos ha dado una información pero recordar qué se nos ha dicho se llama amnesia de fuente o criptomnesia. En realidad, la pérdida total de memoria le pasa a muy poca gente. La hipnosis funciona de forma similar al placebo, pero la sociedad la asocia con creencias muy fascinantes como el poder para controlar la mente que tiene lugar en obras fantásticas como Drácula o en algunas novelas policiacas. Todo eso es falso, solo trucos para crear una ilusión. Normalmente, en las funciones hay ganchos entre el público conchabados con el hipnotizador", señala Capafons.

Todo lo que pueda conseguirse con la hipnosis se puede conseguir sin ella, avisa este experto. “Se trata de una especialidad con un recorrido histórico que ha otorgado a las psicoterapias modernas un lenguaje interdisciplinar entre los profesionales de la salud, creando mayor entendimiento para tratar problemas como el dolor o los trastornos psicológicos como la ansiedad. Los mencionados teatros distorsionan la realidad de los avances en el campo de la neurociencia, psicología y medicina, y de la apuesta de las sociedades y los colegios profesionales por ponerla al servicio de las personas, no de audiencias o cuentas corrientes”.

En el mundo anglosajón, esta actividad se aplica en el campo clínico para tratar el dolor desde hace más de un siglo, aunque en España todavía se ignora como herramienta de intervención sanitaria: “Se busca provocar cambios que beneficien a la persona, que los percibe como si no hiciera esfuerzos para conseguirlos, aunque realmente los realiza sin darse cuenta. Muchos profesionales evitan dar el nombre de hipnosis a los procedimientos que usan y los venden como sofrología [otro conjunto de recursos de sugestión], visualización o práctica guiada. Deberían etiquetarse correctamente para evitar que el término se quede en manos de personas cuyas intenciones no pasan por alcanzar el beneficio del usuario”, observa Capafons.

Creer o no creer

Este método no consiste únicamente en hacer preguntas. Se trata de un conjunto de procedimientos muy variados, como los utilizados para la relajación, pero sin profundizar en ningún estado de la misma. De hecho, existe la hipnosis despierta, donde no se insta al sueño y a tranquilizarse, sino a la "actividad y la expansión mental. El individuo puede hablar fluidamente, caminar y realizar las tareas cotidianas, mientras experimenta las sugestiones hipnóticas" explica Capafons. La base del esquema del proceso consiste, según el presidente de AAEHA, en "evaluar primero las creencias que tiene la persona que va a ser tratada".

Tan peligroso es creer al impostor como el desconocimiento de las posibilidades terapéuticas que tiene su versión clínica, indica este especialista: “Uno de los riesgos es la creación de falsos recuerdos, haciendo pensar a la persona que puede acceder a vidas pasadas. Hay quien cree que ha recuperado memorias de cuando estaba en el útero, que se acuerda de haber sido abducido por extraterrestres o de momentos aciagos de su infancia que había bloqueado. Hay asociaciones de afectados en Reino Unido, Estados Unidos y Australia por este problema. Hablamos de algo muy grave, ya que en ciertas personas no es difícil generarlos". Muchos demandan hipnosis "porque la han visto en televisión, y piensan que es muy rápida, mágica y sin esfuerzo. En cambio, otros la evitan porque no se creen que pueda ser una herramienta sanitaria", añade.

“Antes de empezar la terapia, es necesario que el paciente entienda que él mismo tendrá el control de lo que suceda sin perder la conciencia (si lo hace, es porque se quedará dormido, aunque le pasa a muy poca gente)". Esta fórmula tiene como objetivo conocerse mejor a sí mismo, motivarse y tener más energía con el fin de implicarse en el tratamiento en el que esté inmerso. Al usuario se le enseña una serie de ejercicios que le permitirán salir de él cuando lo necesite. "Siempre es mejor que la propia persona se autohipnotice y esta tarea se refuerce con heterohipnosis, es decir, apoyo a cargo del terapeuta”, aconseja el catedrático.

“Existen intentos internacionales, por afanes lucrativos, para crear una profesión llamada hipnoterapeuta, partiendo de una formación con base científica insuficiente, o incluso ausente, en psicopatología que pretende sanar casi todo. Quien diga que así se cura desde un cáncer a una fibromialgia, depresión, tabaquismo o ansiedad nos está mintiendo, como los chamanes del siglo XIX”. Por sus posibles efectos adversos, Israel es el único país que prohíbe en su legislación la hipnosis como espectáculo.

Alivio, motivación y ahorro sanitario

Este recurso puede contribuir a toda una gama de beneficios para aliviar las molestias habituales derivadas de diversas enfermedades: reducir el dolor, aplacar el hambre, tolerar sustancias desagradables, hacer que el tiempo pase más deprisa; dar tranquilidad, firmeza, seguridad, indiferencia o favorecer alternaciones emocionales o físicas importantes como, por ejemplo, que aquellas personas que experimentan mucho frío debido a problemas de circulación periférica, sientan más calor.

Ni complementaria ni sustitutoria. La eficacia en el ámbito clínico reside en actuar como coadyuvante (auxiliar) en el campo del dolor, en el oncológico, del colon irritable, de la cirugía o de la adicción al juego. “Cuanto más falible resulta es cuando se usa como única intervención. Solo para algunos casos de dolor y en algunas personas, una única sesión puede funcionar muy bien como el placebo, pero no es lo normal ni lo aconsejable. Debe formar parte de un tratamiento para incrementar su eficacia y eficiencia”.

En torno al 70-80% de las personas que combinan la intervención médico-psicológico con hipnosis muestra una respuesta positiva, cuenta el especialista. “Y es más eficiente en dos sentidos: ahorra esfuerzo y sufrimiento al paciente, permitiendo una mayor calidad de la intervención; y ahorra bastante dinero a la administración pública, en según qué intervenciones hospitalarias. En países como Estados Unidos, Australia e Israel se utiliza de forma regular en el ámbito sanitario”, concluye Capafons.

(FUENTE: elpais.com)
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